Cuando hablamos de neurodesarrollo nos referimos al proceso mediante el cual el sistema nervioso, especialmente el cerebro, se forma, madura y se organiza.
El neurodesarrollo comienza antes del nacimiento y continúa durante la infancia, la adolescencia y, en algunos aspectos, hasta la edad adulta. No es solo que el cerebro «crezca». Durante el neurodesarrollo se producen cambios muy complejos que permiten adquirir progresivamente capacidades como hablar, aprender, regular las emociones, prestar atención, planificar, relacionarse con otras personas, controlar el movimiento y muchísimas más.
La mayoría de las veces, este desarrollo se produce dentro de unos patrones que consideramos típicos; es decir, hay diferencias naturales entre las personas, pero en general nos movemos dentro de unos parámetros. Sin embargo, este proceso de neurodesarrollo a veces se produce de forma significativamente diferente.
Entre las condiciones del neurodesarrollo se encuentra el autismo. Es una condición que hace que las personas autistas procesemos determinados aspectos de la información, nos comuniquemos y nos relacionemos con el entorno de una manera diferente. No es un rasgo de personalidad ni una conducta que se haya aprendido: está relacionado con una forma particular de desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso, y por lo tanto tiene implicaciones en múltiples aspectos de la vida.
El autismo se identifica a partir de dos grandes grupos de características: las diferencias persistentes en la comunicación y la interacción social, y los patrones restringidos o repetitivos de comportamiento, intereses o actividades. Estas características se originan durante el desarrollo temprano, aunque no siempre se reconocen o diagnostican durante la infancia. Por eso, una persona puede recibir el diagnóstico en la adolescencia o en la edad adulta: el diagnóstico puede llegar más tarde, pero las características forman parte de su desarrollo desde etapas tempranas y la condición le acompañará a lo largo de la vida.
Aunque las personas autistas compartimos algunas características nucleares, cada persona es única y esto es importante saberlo. Dentro del espectro encontramos perfiles muy diversos, con diferentes capacidades, dificultades y necesidades de apoyo.
Algunas claves: