Sobre el autismo

El autismo, una condición del neurodesarrollo

Cuando hablamos de neurodesarrollo nos referimos al proceso mediante el cual el sistema nervioso, especialmente el cerebro, se forma, madura y se organiza.

 

El neurodesarrollo comienza antes del nacimiento y continúa durante la infancia, la adolescencia y, en algunos aspectos, hasta la edad adulta. No es solo que el cerebro «crezca». Durante el neurodesarrollo se producen cambios muy complejos que permiten adquirir progresivamente capacidades como hablar, aprender, regular las emociones, prestar atención, planificar, relacionarse con otras personas, controlar el movimiento y muchísimas más.

 

La mayoría de las veces, este desarrollo se produce dentro de unos patrones que consideramos típicos; es decir, hay diferencias naturales entre las personas, pero en general nos movemos dentro de unos parámetros. Sin embargo, este proceso de neurodesarrollo a veces se produce de forma significativamente diferente.

Entre las condiciones del neurodesarrollo se encuentra el autismo. Es una condición que hace que las personas autistas procesemos determinados aspectos de la información, nos comuniquemos y nos relacionemos con el entorno de una manera diferente. No es un rasgo de personalidad ni una conducta que se haya aprendido: está relacionado con una forma particular de desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso, y por lo tanto tiene implicaciones en múltiples aspectos de la vida.

 

El autismo se identifica a partir de dos grandes grupos de características: las diferencias persistentes en la comunicación y la interacción social, y los patrones restringidos o repetitivos de comportamiento, intereses o actividades. Estas características se originan durante el desarrollo temprano, aunque no siempre se reconocen o diagnostican durante la infancia. Por eso, una persona puede recibir el diagnóstico en la adolescencia o en la edad adulta: el diagnóstico puede llegar más tarde, pero las características forman parte de su desarrollo desde etapas tempranas y la condición le acompañará a lo largo de la vida.

 

Aunque las personas autistas compartimos algunas características nucleares, cada persona es única y esto es importante saberlo. Dentro del espectro encontramos perfiles muy diversos, con diferentes capacidades, dificultades y necesidades de apoyo.

 

Algunas claves:

 

  • Se estima que aproximadamente 1 de cada 100 personas tiene autismo, aunque las cifras varían según la población estudiada y la forma en que se identifica.

 

  • La investigación respalda que el autismo tiene como origen una base genética importante y compleja,  lo que no es equivalente a que sea hereditario. Las alteraciones en el neurodesarrollo pueden producirse a partir de una alteración heredada, o pueden producirse de novo, es decir, aparecer por primera vez en una persona. En muchos casos interviene la combinación de múltiples variantes genéticas; en otros, pueden estar implicadas variantes poco frecuentes o alteraciones cromosómicas con efectos mayores. No todos los casos tienen el mismo origen genético ni se manifiestan de la misma manera. También se han identificado factores biológicos y ambientales asociados a una mayor probabilidad de autismo, aunque no permiten explicar por sí solos todos los casos.

 

  • El autismo no tiene marcadores físicos, por lo que se suele hablar de una discapacidad invisible. Se identifica a través de los patrones de comunicación, interacción social, intereses y actividades.

 

  • El autismo puede coexistir con otras condiciones, como la discapacidad intelectual, el TDAH, la epilepsia o los trastornos de ansiedad, pero ninguna de ellas está presente en todas las personas autistas.

 

  • Conocer el autismo implica comprender tanto a la persona como la interacción con su entorno: algunas dificultades surgen de las características individuales, y otras se agravan o reducen según las exigencias, las barreras y los apoyos disponibles.

 

 

 

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